EL POLVO DEL SIGLO 2 (“Arenitas del camino”).
En “EL POLVO DEL SIGLO (1)” (Ver en este blog). Nos habíamos
quedado en una escalera dónde nuestra pareja “cambiaba de boca sus lenguas”.
Subieron al departamento de Lupe. Al traspasar la puerta la
temperatura había subido hacia lo muy caliente, tirando pa lo dulce y
desbordando un afecto tierno que manaba de unos interiores muy distintos.
De unos mundos bien diferentes, de realidades casi opuestas,
que sin embargo – azares del destino – se habían juntado por un algo. Podría
decirse una confianza instantánea, que hacía que aquella intimidad, complicidad
y conocimiento, pareciese venir de mucho tiempo de relación. Cuando en realidad
se conocían hace apenas unas horas.
Se desnudaron manoseándose con ruda ternura, tactos ásperos
y suaves con lametones cortos pero intensos por varios lados.
Ambos mantenían su excitación en el tope de la
paciencia-urgencia, del que demora el final de lo rico y lo gustoso.
Y para los que piensen que orita nos vamos a meter en un
guión pornográfico, siento defraudarles.
“El Polvo del Siglo”, es una historia de amor, no de sexo,
aunque las dos cositas vayan de la mano.
Sólo decirles que como en las telenovelas ñonas para viejas
mex, la cosa acabó “Sacando de blanco” a la morra por la puerta de una Iglesia
de Toluca, con Norteño y Banda como reza el modo de una celebración a lo grande
de la sobrina de un “pesado” de la Sierra
Madre , el cual ejerció de padrino –el padre de la chata había
sido balaceado hacía una década- encantado al emparentar con un güey de España
(el “Malinchismo” sigue estando muy bien visto por esas tierras).
Y para los soeces les diré que después de quedarse sin
calzones (que se llaman las bragas por allí) y tirado el “brasier” al suelo,
aquel par de melones norteños, más la miel de la parte baja, sin menospreciar
los atributos del “miembro” más feliz de la banda, hicieron felices a aquellos
dos, durante la primera noche y las ocho mil siguientes, luego vino lo de lo
del “muelle flojo” de ella y lo de la próstata de él, pero a esa alturas del
partido, mis amigos ya se adoraban de tal manera, que eso sólo fueron
“arenitas” en el camino.
José Juan Aparicio.
26-Marzo-2016.
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